La Buena Salud es Mala para los Negocios

Vivimos en un mundo donde la codicia por el dinero hace que el ser humano lucre deshonestamente del prójimo e inclusive conspire contra su bienestar. ¿Cómo puede explicarse que la profesión médica y sus instituciones de salud no hagan frente a las industrias alimenticia y farmacéutica? Solamente puede haber una explicación y es esta: una población saludable sería una situación deplorable para el negocio de la medicina. Pero la complicidad de la profesión médica no acaba en la simple omisión de responsabilidad científica, de ética profesional, y de actitud moral. La ciencia médica está tomando verdaderas fortunas de las industrias alimenticia y farmacéutica en la forma de financiamiento de investigación científica con el fin de incentivar a la población a aumentar su consumo de alimentos y remedios industrializados.


La especie bovina en este planeta es la comunidad de seres cuya existencia debe sin duda ser una de las peores experiencias encarnatorias que este universo puede ofrecer a cualquier consciencia. Sus números sobrepasan los mil millones de cabezas y su población en países como Uruguay, Nueva Zelanda, Argentina, Australia, y Brasil, es mayor que la población humana. El bovino es la principal víctima de las industrias alimenticia y farmacéutica y por ello lo seleccionamos para proveernos con apenas una muestra del cuerpo de evidencia que condena a la profesión médica en su conspiración contra la salud pública.


La leche bovina bebida directamente de la ubre, por poseer en ese momento su mayor valor energético, es plenamente beneficiosa apenas para el becerro en sus primeras 10 semanas de vida, cuando su dieta migra completamente para el consumo de pasto. El consumo humano de leche bovina causa al organismo de la persona un disturbio llamado acidosis que produce desequilibrios metabólicos tales como formación de cálculos en el riñón, aumento de resorción ósea, reducción de densidad mineral ósea (osteoporosis), y pérdida de masa muscular, según el estudio Acidosis Metabólica Inducida por la Dieta y Resultados Clínicos publicado por el Centro Nacional de Información Biotecnológica.


El mismo becerro cuando alcance su edad adulta habrá desarrollado una masa muscular de alrededor de 300 kilogramos alimentándose de pasto carente de aminoácidos "esenciales”. Los tejidos musculares del bovino están compuestos de proteína cuya cadena incluye 20 tipos de aminoácidos, 10 de los cuales la ciencia médica nos afirma que son “esenciales” en la dieta del animal porque su cuerpo por si solo “no puede sintetizarlos”. Ellos son la fenilalanina, valina, treonina, triptófano, isoleucina, metionina, histidina, arginina, leucina, y lisina. Químicamente todos los aminoácidos contienen los mismos elementos, carbón, nitrógeno, oxígeno, e hidrógeno, en diferentes cantidades y diferentes ubicaciones. Ocurre que las cadenas proteicas de los tejidos musculares humanos están compuestas de los mismos exactos aminoácidos que las de los animales, y compartimos con los bovinos la misma lista de aminoácidos “esenciales” que tampoco podemos “sintetizar” según los médicos.

Existe una correlación directa entre la cantidad de leche y derivados consumidos por un país y la incidencia de osteoporosis causante de fracturas de cadera en su población. Los datos de fracturas de cadera en varios países fueron publicados por el Centro Nacional de Información Biotecnológica en su informe Variación Geográfica en Incidencia de Fractura Osteoporótica de Cadera. El número de fracturas en cada país fue correlacionado con el respectivo ranking mundial en consumo de lácteos, según los datos los datos del Instituto para Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington publicados en Correlación con Incidencia de Cáncer, y fue revelada una clara tendencia de disminución en el número de fracturas cuanto menor el consumo de lácteos o mayor su posición en el ranking (ver Tabla 4). La evidencia científica y estadística presentada indica que los lácteos en la dieta son causantes de reducción de densidad mineral ósea, y por lo tanto su consumo debe ser contraindicado, no incentivado, para prevenir la osteoporosis.

Por otro lado el organismo humano, como el del bovino o cualquier otro animal, genera y regenera todas las moléculas de aminoácidos, de vitaminas, y de minerales, que su cuerpo requiere con los átomos de los elementos, llamémosle ladrillos, y la energía de los fotones, llamémosle cemento, obtenidos del aire en la respiración y de los alimentos en la digestión. Si no fuese así cómo podría el bovino de nuestro ejemplo desarrollar su enorme masa muscular comiendo solamente pasto que, en el mejor de los casos, podría aportar solamente 4 de los 10 aminoácidos "esenciales". Los suplementos de aminoácidos, vitaminas, y minerales, fabricados en laboratorios farmacéuticos no pueden sustituir una alimentación viva y vibrante. Se sabe que nuestro organismo no metaboliza tan efectivamente los elementos químicos de un producto industrializado como lo hace con los de un alimento natural. Además, aprendimos en Cuerpo Energético sobre la necesidad que nuestro organismo tiene de recibir energía de los alimentos, y entendimos en Animal vs. Vegetal que cualquier producto que no sea un alimento natural, entero y fresco, carece completamente de fotones y energía.


La ciencia médica sin embargo, bajo el auspicio de las industrias alimenticia y farmacéutica, aconseja al público a consumir lácteos y tomar suplementos de calcio y vitamina D para prevenir la osteoporosis que afecta alrededor de 400 millones de personas en el mundo, estadística esta que se espera triplique hasta el año 2050 según la Fundación Internacional de Osteoporosis. Concluimos que tanto la profesión médica como las industrias alimenticia y farmacéutica están conspirando juntas en triplicar el problema de la osteoporosis, tal vez el del cáncer y otras enfermedades, para multiplicar también la facturación de sus respectivos negocios.


Tabla 4: Correlación de ranking en consumo de lácteos e incidencia de osteoporosis en países.

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