Animal vs. Vegetal

Haciendo uso de las mismas técnicas radiestésicas utilizadas por Simoneton, inclusive del péndulo, pudimos verificar los valores de radiación fotónica de los alimentos evaluados en Clasificación Energética de los Alimentos. Comprobamos de esta manera que los vegetales, al igual que los humanos y animales, poseen también campos electromagnéticos. Así y todo el vegetal tiene la extraordinaria característica de ser un sistema de cuerpos energéticos ya que el tallo, la hoja, la flor, y el fruto, de una misma planta, poseen cada uno su propio campo electromagnético. Cuando un animal es muerto su cuerpo energético se extingue en pocos días. Pero, si su cuerpo no permanece entero o es dividido, tal y como ocurre luego de la faena en las plantas de procesamiento, sus partes cesan inmediatamente de concentrar fotones. Cuando uno de los cuerpos energéticos del vegetal es cosechado su campo no sólo mantiene su capacidad de concentrar fotones sino que dichos fotones continúan subiendo en vibración. Aún durante su tránsito y almacenamiento, los vegetales continúan su maduración o desarrollo vibracional hasta alcanzar su pico de frecuencia, luego del cual comienza su decadencia que puede durar días o semanas dependiendo de la especie vegetal y las condiciones ambientales.

Un alimento se dice “vivo” cuando sus células continúan en proceso de regeneración, en otras palabras sus enlaces moleculares continúan siendo energizados por fotones, conforme expuesto en Cuerpo Energético. En otras palabras, su contenido de fotones le califica como alimento vivo, y a medida que los fotones se extinguen de todo o parte de su cuerpo, ese todo o parte inicia el proceso de desintegración, descomposición, o putrefacción. En el caso de animales fraccionados, su carne carece completamente de fotones una vez separada del cuerpo, y por este hecho sus pedazos entran inmediatamente en proceso de putrefacción (ver Imagen 4). Su total ausencia de fotones califica a cualquier carne procesada como un alimento “muerto” por no tener como aportar siquiera un simple fotón al ser humano que la consuma.

Un alimento se dice “vibrante” cuando los fotones presentes en su cuerpo vibran a altas frecuencias. La cantidad de energía presente en un fotón es directamente proporcional a su frecuencia, es decir que cuanto más alta su frecuencia mayor su cantidad de energía. Bovis y Simoneton definieron la frecuencia de 6.500 UB como el límite por debajo del cual se crean en el cuerpo humano condiciones para la proliferación de agentes patógenos que causan enfermedades. En esa zona de baja vibración el ser humano puede no sólo experimentar malestares físicos causados por procesos inflamatorios o infecciosos, sino también debilidad física debida a la reducción en su tasa de regeneración celular causada por la caída de energía fotónica en su cuerpo. Para recuperar nuestra salud y nuestra energía será necesario mantener nuestro cuerpo vibrando lo más arriba y más lejos posible del límite de 6.500 UB, y esto lo lograremos con una alimentación viva y vibrante.


Imagen 4: Total y completa inexistencia de fotones en esta imagen.

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