Cuerpo Energético
El cuerpo físico del ser humano está compuesto de dos cuerpos, uno material y otro energético. El cuerpo material es lo que se ve y se toca, mientras que el cuerpo energético es un campo electromagnético invisible y por eso se le ignora o se le niega, y permanece completamente desconocido. La materia que forma el cuerpo material necesita de los fotones suministrados por el cuerpo energético para mantener su integridad. El fotón es la partícula transportadora de fuerza electromagnética que energiza las ligaciones entre átomos para formar moléculas. Los átomos se combinan entre si para formar las moléculas que constituyen los tejidos celulares, y únicamente podrían hacer sus enlaces moleculares ante la presencia de fotones que al absorber energizan dichos enlaces. Solamente considerando nuestra sangre, tenemos treinta trillones (3 x 1013) de glóbulos o células rojas que completan su ciclo de vida en el sistema circulatorio a cada cuatro meses. Podemos inferir de esta información que aproximadamente cien millones de nuevas células rojas de sangre se forman en nuestro cuerpo por minuto. La altísima tasa de regeneración celular que el cuerpo humano demanda no podría ser sustentada solamente por fotones libres en el espacio que ingresan al cuerpo humano a través de la respiración. El cuerpo energético concentra fotones de ambas la respiración y la alimentación formando un campo electromagnético dedicado del que el cuerpo material depende para satisfacer sus necesidades de energía a nivel atómico.
Al igual que cualquier otro campo electromagnético el cuerpo energético necesita de fotones. El cuerpo energético requiere que el cuerpo material digiera alimentos de alto contenido fotónico de los que extrae aquellos fotones que le retornará a nivel atómico. No todos los fotones son iguales ya que ellos vibran en diferentes frecuencias donde los fotones visibles o luminosos (luz) vibran en la parte inferior del espectro fotónico. Aquello que entendemos como “sistema inmune” no es más que nuestro cuerpo energético que cuanto mayor la presencia y vibración de los fotones que recibe mayor su capacidad en combatir las enfermedades y aflicciones. Podemos entonces identificar dos cualidades importantes de los alimentos cuanto a su contenido fotónico se refiere, ellas son la cantidad de fotones presentes y el pico de frecuencia de los mismos.
Trasladándonos nuevamente al nivel más elemental, para que dos átomos puedan formar una molécula es necesario que uno de ellos ceda un electrón o pierda energía y que el otro reciba un electrón o gane energía. Este cambio de nivel energético o de excitación que ocurre en ambos átomos es como si un átomo prestara al otro un electrón para viabilizar la formación de una molécula entre ellos. Fotones son absorbidos para permitir a los electrones cambiar a niveles superiores de excitación. Fotones son emitidos cuando los electrones cambian a niveles inferiores de excitación. La cantidad de energía fotónica absorbida por los átomos del cuerpo es igual a la energía fotónica emitida por los átomos del cuerpo. Midiendo la radiación fotónica del cuerpo podemos calcular también la absorción fotónica del cuerpo.
El ingeniero francés André Bovis investigó la radiación fotónica o nivel vibracional del cuerpo humano en distintas fases de absorción fotónica y creó la escala que después fue perfeccionada por el geobiólogo suizo André Simoneton a mediados del siglo XX, cuando poco o nada se sabía en el medio académico sobre las cualidades vibratorias de los cuerpos humanos y su relación con las enfermedades y los alimentos. Utilizándose de mediciones radiestésicas Bovis y Simoneton establecieron el límite vibracional de 6.500 unidades Bovis o UB, equivalente a una longitud de onda de 6.500 angstroms, como nivel mínimo de energía fotónica del cuerpo humano que permitía al sistema inmune repeler agentes patogénicos tales como bacterias, virus, hongos, protozoos, helmintos y otros tipos de gusanos, y por debajo del cual el cuerpo permitiría la proliferación de tales agentes. Simoneton procedió a estudiar el nivel vibracional de los alimentos descubriendo que su energía fotónica, al ser consumidos por la persona, cambia proporcionalmente el nivel vibracional de su cuerpo y estableciendo así que la calidad de la dieta impacta directamente la inmunidad del cuerpo a las enfermedades (ver Imagen 1).
Al aplicar su técnica para medir la frecuencia fotónica de los seres humanos directamente, Simoneton descubrió que una persona sana normal emite una radiación de unos 6.500 UB, o algo más, mientras que las radiaciones de consumidores ávidos de alimentos de origen animal son siempre más bajas. Bovis decía que los pacientes cuando diagnosticados de cáncer emiten una frecuencia fotónica típica de 4.500 UB que cae gradualmente para 1.500 UB cuando su cuerpo entra en estado terminal. Bovis y Simoneton sostienen que los seres humanos deben comer frutas y hortalizas, que producen radiaciones superiores a su nivel normal de 6.500 UB, si desean energizarse y sentirse sanos.
Al aplicar su técnica para medir la frecuencia fotónica de los seres humanos directamente, Simoneton descubrió que una persona sana normal emite una radiación de unos 6.500 UB, o algo más, mientras que las radiaciones de consumidores ávidos de alimentos de origen animal son siempre más bajas. Bovis decía que los pacientes cuando diagnosticados de cáncer emiten una frecuencia fotónica típica de 4.500 UB que cae gradualmente para 1.500 UB cuando su cuerpo entra en estado terminal. Bovis y Simoneton sostienen que los seres humanos deben comer frutas y hortalizas, que producen radiaciones superiores a su nivel normal de 6.500 UB, si desean energizarse y sentirse sanos.
Imagen 1: Escala radiestésica utilizada para medir la radiación fotónica de alimentos.



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