Nuestro Cuerpo es una Orquesta Sinfónica
El cuerpo energético distribuye para cada local del cuerpo material fotones de frecuencias específicas cuyos niveles de energía atienden de manera precisa los requisitos de los enlaces moleculares de las células en los tejidos de aquel local. La compatibilidad energética entre fotón y enlace molecular es de importancia crítica para mantener el delicado equilibrio de los procesos de regeneración celular que actúan en todo el cuerpo. Volviendo a nuestra alegoría de la orquesta sinfónica, el cuerpo energético actúa como el director de la orquesta que en sus arreglos musicales distribuye para cada instrumento las notas exactas que debe tocar en el tiempo que debe tocarlas. Esto permite que cada instrumento produzca un sonido de entonación y tempo compatibles con el sonido producido por el resto de la orquesta, y que el resultado sea una música coherente y agradable a los oídos. Resumiendo esta comparación y conforme ya lo habíamos citado en Vibrante y Variada Como una Sinfonía, el cuerpo energético distribuye fotones para cada átomo del cuerpo material de la misma manera que el director de orquesta distribuye notas para cada instrumento de la orquesta sinfónica.
Contraponiéndose a lo natural, el procesamiento industrial de alimentos introduce fotones anómalos que son asimilados por el cuerpo energético donde acaban alojándose permanentemente. Estos fotones actúan como implantes en nuestro cuerpo material porque invaden un local específico de manera permanente como si fuera una nota errada tocada por un instrumento de la orquesta que continúa reverberando en el auditorio y que no quiere acabar. Son rechazados por los procesos de regeneración celular de aquel local del cuerpo y por lo tanto nunca son absorbidos, de la misma manera que nuestros oídos rechazarían aquella nota fuera de lugar. Dicha situación acaba sin embargo afectando los fotones “sanos” que llegan al local, cuya vibración se acopla a la del fotón implantado tomando la frecuencia del mismo antes de ser absorbido. El bombardeo de fotones de frecuencia errada sobre un mismo local acaba interfiriendo en el programa molecular, ya que la disparidad energética introducida une los átomos equivocados para formar las moléculas erradas en procesos de mutación celular. Es como si aquella nota errada se estacionara sobre los violines cambiando la clave de esa sección de la orquesta, forzando una mutación sobre la composición musical que está codificada en la partitura.
La consciencia es una crítica experta en la música que el cuerpo toca. Ella sabe que las notas producidas por los alimentos naturales permiten al cuerpo tocar una bella sinfonía que sigue la partitura con precisión (ver Imagen 12). Así mismo, ella rechaza los alimentos industrializados porque viene presenciando por años su siembra de fotones anómalos implantados por todo el cuerpo energético, y los estragos que ellos han causado en los correspondientes locales del cuerpo material. La consciencia sonríe aliviada cuando visitamos una feria de alimentos naturales, y entra en estado de “alerta rojo” cuando visitamos un supermercado. Ella clama para que sintamos en el corazón las emociones que nos transmite cuando es hora de abastecer nuestra cocina. Ella es nuestro sistema de discernimiento que nos permite identificar de manera infalible aquellos alimentos que no nos convienen.
Contraponiéndose a lo natural, el procesamiento industrial de alimentos introduce fotones anómalos que son asimilados por el cuerpo energético donde acaban alojándose permanentemente. Estos fotones actúan como implantes en nuestro cuerpo material porque invaden un local específico de manera permanente como si fuera una nota errada tocada por un instrumento de la orquesta que continúa reverberando en el auditorio y que no quiere acabar. Son rechazados por los procesos de regeneración celular de aquel local del cuerpo y por lo tanto nunca son absorbidos, de la misma manera que nuestros oídos rechazarían aquella nota fuera de lugar. Dicha situación acaba sin embargo afectando los fotones “sanos” que llegan al local, cuya vibración se acopla a la del fotón implantado tomando la frecuencia del mismo antes de ser absorbido. El bombardeo de fotones de frecuencia errada sobre un mismo local acaba interfiriendo en el programa molecular, ya que la disparidad energética introducida une los átomos equivocados para formar las moléculas erradas en procesos de mutación celular. Es como si aquella nota errada se estacionara sobre los violines cambiando la clave de esa sección de la orquesta, forzando una mutación sobre la composición musical que está codificada en la partitura.
La consciencia es una crítica experta en la música que el cuerpo toca. Ella sabe que las notas producidas por los alimentos naturales permiten al cuerpo tocar una bella sinfonía que sigue la partitura con precisión (ver Imagen 12). Así mismo, ella rechaza los alimentos industrializados porque viene presenciando por años su siembra de fotones anómalos implantados por todo el cuerpo energético, y los estragos que ellos han causado en los correspondientes locales del cuerpo material. La consciencia sonríe aliviada cuando visitamos una feria de alimentos naturales, y entra en estado de “alerta rojo” cuando visitamos un supermercado. Ella clama para que sintamos en el corazón las emociones que nos transmite cuando es hora de abastecer nuestra cocina. Ella es nuestro sistema de discernimiento que nos permite identificar de manera infalible aquellos alimentos que no nos convienen.
Imagen 12: Con alimentación natural el cuerpo humano toca como una orquesta sinfónica.



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